
Título original:
Werckmeister Harmóniak
Dirección: Béla Tarr
Guión: Laszlo Krasznahorkai y Béla Tarr, basado en el cuento “La melancolía de la resistencia” de Laszlo Krasznahorkai
Producción: 2000 Hungria/Alemania Göess Films, Von Vietinghoff Produktion, 13 Produktion. Franz Göess, Miklós Szita, Joachim von Vietinghoff, Paul Saadun
Música: Miháli Vig
Interpretes: Lars Rudolph, Peter Fitz, Hanna Schigula
"La justificación de la Violencia".
El cine moderno es el cine de la Violencia y el Dolor, de la Desesperación y la Condenación. Tan hipócritas somos que buscamos darle una razón, fingir que "fuerzas extrañas" a nosotros mismos, necesidades inexcusables, nos han obligado a incluirla.
No refugiamos tras los ideales, hablamos de Libertad, de Justicia, de un mañana mejor. Pero, si nos vemos acorralados, acusamos a las palabras del Mal que hemos traído a este mundo.
Porque la Violencia nunca es excusable: ni en su ejecución, ni en su representación. La ejercen los que en un momento dado son los Fuertes contra los que en ese lugar, en ese instante, son los Débiles. La ejercen, no por ideas absurdas y vacías de sentido, sino porque les gusta y disfrutan en la Destrucción que provocan, en el Dolor de sus Víctimas, en el Sufrimiento que Ellos, los Verdugos, no experimentan.
Así, la multitud, silenciosa, con su corazón cerrado a la Compasión, asalta el hospital de la ciudad. Los enfermos son apaleados en sus camas, arrastrados por los suelos, violados, muertos... Todo aquello que fue construido para aliviar el Dolor y las Miserias humanas, el fruto de siglos de trabajo y desvelos, es destruido en un instante.
Nosotros, el Protagonista, la Cámara que representa nuestros ojos, marchamos a través de ese infierno. Lentamente, sin participar en el Caos, volviendo nuestra vista a un lado y a otro, apartándola inmediatamente, aún inocentes, pero tan culpables como los verdugos, puesto que nada hacemos, nada hicimos, para evitar el Apocalipsis.

Sin embargo, al descorrer una cortina, aparece el cuerpo consumido de un anciano, idéntico al de los "esqueletos andantes" que fueron rescatados de los campos de exterminio. Ante esa visión, la multitud vacila, arroja sus armas y abandona el hospital, cabizbaja, abatida, avergonzada.
¿Es que aún es posible la Redención? ¿Es que aún existe la posibilidad de salvarnos de nosotros mismos?
¿Es que acaso aún queda Bálsamo en Galaad?
Moralia.
No.
La Violencia no ha cambiado nada. Tanta Muerte y tanta Destrucción sólo han servido para que los que antes estaban Abajo, ahora estén Arriba.
Como si nada hubiese ocurrido, una nueva Violencia se desencadena sobre el pueblo. Tan ciega como la anterior, pero con una intención mucho más clara. Inocentes y Culpables de esa noche deben pagar por igual por lo ocurrido. Es necesario que el Terror y sus motivaciones escapen a nuestra comprensión, de forma que nadie tenga la tentación de rebelarse.
Frente a esto, no hay huida posible. Nadie puede bajarse del mundo, ni buscar refugio frente a él. Tarde o temprano vendrán a buscarte; tarde o temprano te encontrarán. Sólo queda una vía: perderse en la Locura, negar el mundo y lo que te exige.

Fuera, abandonado en la plaza, incólume en medio de la Destrucción, ha quedado el inmenso cuerpo de la Ballena disecada, el único símbolo que no ha sido explicado. Ocupando en nuestras vidas un espacio que no se corresponde con su utilidad. Tan absurda y sin sentido como la idea misma de Dios.
Conclusiones finales
¿Por qué rodar en blanco y negro?
Lo que antes era una imposición técnica, ahora es una decisión artística consciente.
Quizás porque es más Hermoso y más Noble que los colores.
Quizás porque es Abstracto, porque nos aleja y disocia del tema.
Quizás porque nos obliga a Pensar sobre lo que presenciamos.
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